Los amores imprudentes ha terminado de confirmar mi idilio con Gustavo Martín Garzo. Empezó con Las historias de Marta y Fernando, como un beso robado sin previo aviso. Pocas veces he encontrado frases sobre las que podría dar vueltas y vueltas durante horas. Las he conjurado mil veces en mi mente, sin llegar a ser capaz de plasmarlas con palabras. Creo que seré la eterna tejedora de discursos (en la ducha, en el metro, mientras cocino o trato de conciliar el sueño) que pocas veces logro materializar sobre el papel.
Estas son sólo algunas de ellas:
- "Para las mujeres el amor es guardar cosas, para nosotros es robar" (Federico).
- "La realidad nunca se repetía. Nunca, cuando nos quitaban una cosa, nos devolvían exactamente lo mismo".
- "Cuando eres feliz no te haces preguntas; es la desdicha la que nos obliga a preguntar" (Doña Fernanda).
- "Poder percibir el mundo sin temor, eso era la felicidad. ¿Quién había dicho eso? No, no era cierto que el pasado estuviera atrás. Que el pasado fuera lo que íbamos dejando a la espalda mientras seguíamos nuestra marcha. No, el pasado estaba delante, era lo que no se podía eludir. Andábamos hacia el mañana de espaldas, con los ojos puestos en el ayer".
"Es una lástima que a nadie se le ocurriera incluir la imprudencia en la legendaria lista de los siete pecados capitales. Pues a veces basta un gesto imprudente para condenarnos a vivir pegados a un recuerdo".