Inflecsion
Inflecsion: Dícese del síntoma inequívoco de que llevas demasiadas horas en la oficina...
Inflecsion: Dícese del síntoma inequívoco de que llevas demasiadas horas en la oficina...
¿Y qué si aún estoy en la oficina? ¿Y qué si el aire acondicionado se ha vuelto completamente loco? ¿Y qué si mis cosas no están ni un poquito más cerca de solucionarse? ¡¡¡Mañana ya no trabajo!!! Me esperan cuatro días en los que habrá tiempo para cervecitas, comidas con mis amigas, excursiones al monte, manicuras, poteos varios y mañanas en la cama sin nada más que hacer que leer. ¿Y qué si cuando vuelva todo va a seguir igual? Por estos cuatro días, mente en blanco.
Me he enfadado. No me dejan darles tabaco. Dicen que así parece que hay "voluntarios buenos" y "voluntarios malos". ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Prohibirme que les sonría? Es como si mandan cerrar el comedor para que no haya congregaciones buenas y congregaciones malas. Grrrrrrrrr…
Siempre desayuno con la misma taza. Es un mug que mi hermano me trajo de Port Aventura, con un Woody Woodpecker legañoso y despeinado con el que guardo un curioso parecido al levantarme de la cama. Pero esta mañana, para cuando me he dado cuenta, me había servido el café en otra taza. Y aún sigo dándole vueltas a qué es lo que puede significar
Me acabo de dar cuenta de que mi vida sexual no ha sido tan desastrosa como creía:
Me acaban de regalar una botella de vino. Estoy deseando llegar esta noche a casa para abrirla. Y me gustaría tener a alguien con quien compartirla porque, desde que a mi compañera de piso la han condenado a una abstinencia forzada, no me va a quedar más remedio que pimplármela yo sola. Y eso, en una señorita como yo, no queda nada fino.
PD: M, has terminado de alegrarme el día
Como soy incapaz de aguantar más de un mes seguido yendo al gimnasio o a nadar (qué digo un mes!!! creo que he utilizado dos días el carnet de la piscina desde que me lo saqué), he decidido que andar será una buena forma de hacer algo de ejercicio. Así que ya lo sabéis; si veis a alguien pasando como una exhalación Gran Vía arriba, Gran Vía abajo, ésa soy yo. Hasta que me aburra y recupere mis gafitas y mi traje de baño.
Lo sé. Sé que es culpa de mis hormonas descontroladas, que mañana lo veré todo distinto, que mis problemas no son nada comparados con los de millones de personas en todo el mundo, que debo estar agradecida por la suerte que tengo. Pero me he levantado triste, melancólica y tontorrona. Y no quiero ni tengo fuerzas para disimular con una sonrisa forzada. Lo siento. Estoy harta de certezas que se tambalean, de esperar milagros que nunca llegan, de poner buena cara aunque no haya merecido la pena levantarse de la cama… Hoy quiero ser egoísta, abstraerme en mis decepciones y llorar si me hace falta.
Lo sé. O, al menos, una pequeña parte de mí sabe que dos por tres son seis. Otra, no tan pequeña, quiere seguir creyendo que a veces se puede llegar hasta siete. Y ahí andan, de asalto en asalto.
Apenas coincidieron diez minutos. Se intercambiaron el número de teléfono, la dirección de correo electrónico. Hablaron todos los días las semanas siguientes; dos rupturas recientes, confidencias compartidas, una voz cómplice al terminar el día. Luego quedaron; un fin de semana en Madrid, otro en Bilbao. Puede ser el comienzo de una bonita amistad.