Nostalgia
Siempre que me toca guardar la ropa de verano hasta la próxima primavera, sacar del armario los jerseys de cuello vuelto y desempolvar el edredón de plumas me invade una terrible nostalgia de noches de verano, sonrisas con gafas de sol y tardes interminables de terraza. Se acabó el verano. Sí, lo sé, me acabo de caer de un guindo, pero esos gestos son los que me hacen darme cuenta de que se terminaron esos días. Justo en el momento en que guardo mis sandalias en sus cajas. Con cada camiseta de tirantes que doblo, se van alejando un poquito más de mí. Este verano ha sido especialmente genial y la sensación de dejar atrás esos momentos, de que ya han pasado, me produce vértigo, una especie de angustia de que no volverán. I. me acaba de decir que sólo tiene ganas de que pase el invierno y vuelva a llegar junio... Yo lo que quiero es que el invierno sea igual de estupendo. O mejor
